
Con una tradición vitivinícola que se consolidó a fines del siglo XIX, Mendoza se convirtió en el corazón del vino argentino. La provincia se extiende al pie de la cordillera de los Andes, en un entorno desértico donde el agua de montaña determina la posibilidad de la agricultura. Hoy concentra alrededor del 70 % de la producción nacional y articula una red de Indicaciones Geográficas con una amplia variedad de altitudes, perfiles de suelo y temperaturas.
Un majestuoso paisaje donde la proximidad con la Cordillera de los Andes define la identidad cultural de sus habitantes y que varía ampliamente en las distintas estaciones del año. Su arquitectura y paisajismo están íntimamente vinculados a los sistemas de riego heredados por los Huarpes (pueblo originario) para el desarrollo de los oasis productivos y una idiosincrasia marcada por la inmigración. El prestigio gastronómico de la provincia ha crecido de manera sostenida en los últimos 20 años y hoy está consolidado a nivel internacional, principalmente por su integración del vino con los productos locales de la agricultura mendocina.
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